lunes, 15 de noviembre de 2010

Drogas, ¿depende? El suculento negocio de lo prohibido

¡Cómo somos!  Este mundo tan bien armado es graciosamente perverso. Con una mano nos da y con la otra nos quita;  nos narcotiza y pinta de colores la basura más pestilente para continuar aplicándonosla subliminalmente. Hace tiempo que la sociedad civilizada inventó el marquito de lo legal, esa cosa rara que  nos dice hasta dónde podemos y hasta dónde no podemos casi todo. Quizás sea porque no acabamos de ser bebecitos nunca y necesitamos que nos digan qué, cómo, dónde, cuándo y cuánto, sin dar opción a nuestra cabeza de dilucidar por sí misma semejantes cuestiones. Resultado:  la contradicción global que, en el caso que nos ocupa, se traduce en uno de los debates más hipócritas de la historia. A papá y a mamá le preocupa sobremanera que el niño o la niña se drogue, es decir, que fume cannabis, o que esnife heroína, o que consuma ácidos y todas esas mierditas que los humanos inventamos, mostramos, prohibimos y luego escondemos para que sean buscadas en la clandestinidad. Pero a papá y a mamá no les preocupa en absoluto que el niño o la niña sea un/a alcohólico/a de fin de semana o un/a inhalador/a de monóxido de carbono, quizás porque la estupidez del invento es tan antigua que viene “de serie” en los genes y, del colectivo, transita a través de papá y mamá hasta llegar a los nenes, y todos tan contentos con la mencionada estupidez. Porque, seamos serios, ¿con qué autoridad moral una madre o un padre que se toma sus copichuelas y se fuma sus cigarritos le dice a su niño o niña que se deje de vicios?  Un estudio reciente publicado en un periódico de renombre de edición internacional ha revelado lo que ya se había revelado hace tiempo:  el alcohol “es la droga” más nociva, la que más vidas mata y la que más fácilmente rompe la estructura del entorno y de la personalidad de un ser humano. Repito, “es la droga”, entrecomillado para que se entienda bien. En el mundo hay 1.300 millones de seres humanos que fuman asiduamente y nada menos que 2.000 millones de seres humanos que beben alcohol con frecuencia. Dicho de otra manera, más de la mitad de la población mundial consume drogas legales. Sin embargo, las personas que consumen  drogas ilegales, es decir, ni tabaco ni alcohol sino otras, no alcanzan la cifra de 250 millones. Hay una enorme diferencia, ¿verdad?  Sin embargo tenemos la desfachatez y la desvergüenza de estigmatizar a estos últimos con el calificativo “drogadictos”, mientras que todos los demás (en los que debe incluirse, según los especialistas, cualquier persona que beba más de una cuarta de vino al día y toda persona que fume) los consideramos liberales, snobs, modernos, rebeldes,… Pues no lo son, son drogadictos de igual manera. ¿A quién interesa semejante hipocresía?  Las arcas de los estados se llenan con los impuestos que generan el tabaco y el alcohol, por eso estas drogas son legales. El resto también llena las arcas de los estados, pero las otras, las oscuras, las que se usan luego para pagar los juguetitos de guerra y conspirar infantilmente contra todo hijo de vecino. Han vuelto a abrir el debate de la legalización de las drogas ilegales, y el miedo, esa basura que todos tenemos metida en el cuerpo, nos impide hacer un ejercicio de reflexión y observación objetiva de la realidad para llamar a las cosas por su nombre. Pues desde esta tribuna digo: “drogadictos del mundo, uníos”. ¿Qué por qué digo esta bobada?  Porque lo prohibido es un negocio más suculento que lo no prohibido. Engañaditos andamos. Así que está claro, el debate no es legalización o no de ciertas drogas. El debate debe ser qué esconde la doble moral; qué demonios estamos enseñando a nuestros hijos; que carencias, taras, tradiciones, clichés o prejuicios nos empujan a la droga, a cualquiera de ellas, y, por supuesto, cómo frenar esta deriva humana antes de que nos volvamos todos tontos. Lo siento, hoy me han salido las uñas, pero con estas cosas es que no puedo.

1 comentario:

Unknown dijo...

Todo el mundo se quedó CALLAO
ja,já
parece que estas declaraciones nos ha picado en algún vicio drogadíctico, uuuhhh
besin Juan
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